Teatro en América Latina – Ritmo, movimiento y energía

Sandra Monteagudo y Jorgelina Blasa, ambas argentinas, entusiasmaron a los once participantes de su taller con una energía y alegría contagiosas. Desde el primer momento no se centraron en la teoría ni en las historias, sino en cómo poner en movimiento el propio cuerpo. Diversos impulsos: tarjetitas con distintas propuestas de movimiento, estilos de música diferentes y la reproducción y transformación de movimientos por parte de los participantes, fueron fuente de inspiración para crear continuamente nuevas formas desafiantes de movimiento improvisado. De este modo, cada participante podía aproximarse a los límites de sus propios movimientos y sondearlos. A través del cambio continuo entre la observación y el movimiento, entre la propia idea del movimiento y la de los participantes, se crearon imágenes muy interesantes. De este modo, el grupo siempre se consideró como un todo y los actores aprendieron mediante la improvisación a prestar atención a los impulsos de sus compañeros, así como a centrarse en sí mismos. Inspirados por la música o el canto de los participantes, se improvisaron pequeñas escenas por parejas o en grupos reducidos y más tarde, gracias a los acertados consejos de las dos artistas, dichas improvisaciones se ampliaron, se transformaron y se fueron reinventando. En el taller se integraron hábilmente requisitos cotidianos, canto y textos cortos en los distintos idiomas de los participantes, dando lugar a imágenes muy sugerentes e historias amenas. De este modo, surgieron escenas de distinto calibre: en ocasiones llenas de energía y ruidosas, a veces tranquilas, otras acrobáticas o románticas, tristes y a menudo divertidas. La concentración y la relajación también tuvieron su espacio: los masajes y la relajación, combinados con el canto coral del grupo, introdujeron fases de trabajo tranquilas, aunque no menos intensas, antes de que todo el cuerpo volviera a ponerse en movimiento. Así se creó el ritmo del grupo y gracias a la manera de conducir el taller de ambas directoras y a la predisposición de todos los participantes, no tardó en establecerse un sentimiento colectivo real que se hizo patente en la variopinta representación final que tuvo lugar el domingo por la mañana.
Simon Isser

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